Uso problemático de la tecnología: cuando las pantallas se convierten en refugio
Por Sylvia Doughty Domínguez · Psicóloga General Sanitaria · Colegiada M-36839
La tecnología forma parte del entorno natural de los adolescentes y jóvenes actuales. Móviles, redes sociales, videojuegos y contenido en streaming no son un elemento externo del que "desconectar": son el lugar donde ocurre buena parte de su vida social, su ocio y, cada vez más, su identidad. Este dato es importante porque marca la diferencia entre un uso intenso —que puede ser adaptativo— y un uso problemático, que sí requiere intervención.
Señales de que el uso problemático de la tecnología está afectando a tu día a día
Hablamos de uso problemático cuando aparecen consecuencias claras en varias áreas al mismo tiempo: alteración importante del sueño, bajada del rendimiento escolar, abandono de aficiones y de las relaciones presenciales, irritabilidad marcada al limitar el acceso, pérdida de control sobre el tiempo ("iba a estar diez minutos y llevo tres horas"), uso a escondidas, mentiras sobre el tiempo de uso, o utilización de las pantallas como principal —o única— vía para regular el malestar emocional.
Un enfoque clave: detrás del uso problemático suele haber una necesidad emocional no atendida. Las pantallas no son la causa, sino el refugio. Se refugian ahí quienes sienten soledad y encuentran contacto online, quienes tienen ansiedad social y en el chat pueden pensar antes de responder, quienes tienen baja autoestima y en los videojuegos obtienen la sensación de logro que no encuentran fuera, o quienes tienen dificultades para gestionar el aburrimiento y la frustración y usan el móvil como anestesia inmediata. Retirar la pantalla sin atender la necesidad subyacente rara vez funciona.
Cómo trabajamos el uso problemático de la tecnología en terapia online
En terapia trabajamos en dos direcciones simultáneas. Por un lado, con el adolescente: entender qué función cumple el uso, qué está evitando y qué está buscando, identificar los patrones y ampliar el repertorio de estrategias de regulación emocional y de fuentes de bienestar. Por otro lado, con la familia: establecer acuerdos claros y sostenibles sobre horarios y espacios sin pantalla, aprender a poner límites con firmeza pero sin escalada, y revisar el uso familiar de la tecnología (los adultos también son modelo, aunque incomode reconocerlo).
Hay banderas rojas que requieren atención urgente: contenido sexual inapropiado, contactos con adultos desconocidos, señales de acoso online (propio o hacia otros), consumo compulsivo de contenido violento o extremo, apuestas online, o uso que interfiere de forma grave con el sueño, la alimentación o la vida cotidiana. En estos casos la consulta no puede posponerse.
Cuándo pedir ayuda a una psicóloga
El objetivo no es eliminar la tecnología —eso ni es realista ni es deseable— sino recuperar el equilibrio. Un adolescente que duerme lo suficiente, mantiene sus relaciones presenciales, cumple con sus responsabilidades básicas y tiene otras fuentes de disfrute puede tener también un uso intenso de pantallas sin que sea un problema. Cuando alguna de esas áreas se resiente de forma sostenida, es momento de consultar.
Este artículo es divulgativo y no sustituye una evaluación psicológica individual.
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